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El Cuarteto Casals, una promesa hecha realidad

14.08.05

Mundo Clasico

El Cuarteto Casals, una promesa hecha realidad

Qué pena que este concierto no tuviera lugar en el Castillo de Vilafortuny, con una acústica ideal para un cuarteto de cuerdas, porque la de la Ermita es demasiado generosa, y su amplia reverberación impide que se oiga con nitidez todo lo que sea contrapuntístico. En cambio, pasajes de melodía acompañada sonaron muy bien, lo mismo que determinados pasajes lentos.

El Cuarteto Casals afronta este tipo de riesgos con la veteranía que les caracteriza, a pesar de su juventud – deben de estar cerca de un promedio de 30 años de edad. Siendo así, es sorprendente su madurez musical y su destreza técnica, fruto, sin duda alguna, de un trabajo paciente, perseverante y concienzudo. Ha sido un acierto traerlos a Cambrils, justo antes de sus actuaciones en Irlanda y en el Festival de Salzburgo, nada menos. Y es que fue precisamente aquí en Cambrils y aledaños donde, hace muchos años ya, se fraguó un contacto personal que fue decisivo para el futuro del cuarteto. Un detalle que pocos conocen y sobre el cual hablo con la discreción que se impone.

Feliz coincidencia: un día después de la actuación de Sara Baras, otro conjunto, que se ocupa de un género bien distinto, al tratarse de un cuarteto de cuerdas – el primero en la historia musical del país que está conquistando su sitio en los escenarios internacionales de mayor prestigio – nos deleita con su arte.

Para comenzar, sonó el Cuarteto Nº3 de Arriaga, cuya versión discográfica tuvo tanto éxito, con la gracia y encanto de siempre. Con Abel Tomas liderando el conjunto en esta obra, todo salió a la perfección. La acústica fue especialmente grata para el Andantino (Pastorale) pero no tanto para el primer movimiento, con mayor densidad compositiva.

Luego tocaron el 3º cuarteto de Dmitri Shostakovich, uno de los más célebres de su colección, y con razón. El interés se mantiene vivo desde ese Allegretto inicial tan encantador, hasta el final bellísimo, de una seriedad desoladora. Vera Martínez lució su cálido sonido, tan expresivo, para dar énfasis a muchos pasajes, pero siempre con la mayor discreción, para crear el clima apropiado para esta música.

La segundo parte estuvo dedicada al cuarteto Nº 13 (op 29 D 804), de Franz Schubert, que lleva el sobrenombre Rosamunda porque utiliza en el movimiento lento la melodía de esa obra. ¡Que bella música! Si bien los primeros tres movimientos transcurren amable y tranquilamente, el Allegro moderato último tiene complicaciones técnicas de calado – pero esto no se notó en ningún momento, afrontando el conjunto el reto con la mayor naturalidad. Muy bien tocado, con esta sencillez que tanto  incrementa el goce de la música schubertiana. Nivel internacional de primer orden. Como siempre, la viola de Jonathan Brown sonaba aterciopelada y el ‘cello de Arnau Tomás proporcionaba la base – de forma muy musical y eficaz – al conjunto.

Los aplausos fueron sinceros y cuantiosos. Nos regalaron dos propinas: la primera, una composición del joven Mozart, dedicada a Bach, que no podía ser otra cosa que una fuga a cuatro voces.  Y la segunda, la “Circuspolka” de Shostakovich, una pieza llena de picardía, con muchos “pizzicati” y de un humor exuberante.  

El público salió satisfecho – un buen cuarteto de cuerdas siempre deja un buen sabor de boca.

Juan Krakenberger